martes, 16 de diciembre de 2014

BUENA PARTE DEL MUNDO EDUCATIVO ESTÁ DORMIDO, CANSADO, DESALENTADO

Antonio Aramayona

Much@s se habrán preguntado qué ha sucedido en el mundo de la educación para estar reposando sobre la calma chicha actual. La respuesta puede ser mucho más sencilla de lo que parece: no ha pasado nada. En otras palabras, tras la hojarasca de las declaraciones y la aparente toma de posiciones de unos y de otros, el nuevo curso escolar, por ejemplo, comenzó como cualquier otro, con o sin LOMCE,  plácidamente, a merced de la ley de la inercia y de la política de los hechos consumados. Fuera de eso, nada. No ha pasado nada, no pasa nada.
Nuestros políticos y adláteres andan absorbidos ya por las próximas elecciones municipales y autonómicas. Cuando se depende básicamente de los votos, el mensaje se arroja especialmente en brazos de la imagen y de la propaganda. En vez de tener en cuenta ante todo los problemas e intereses reales del votante, se corre el riesgo de reducir el mundo a las encuestas electorales, a las expectativas de voto, a los eslóganes, a la toma del poder, a las listas de candidatos. Es decir, a la endogamia, al autismo, a los muros reducidos de un mundo de dimensiones liliputienses. O sea, a nada.
Buena parte del mundo educativo está dormido, cansado, desalentado, circunscrito al cultivo de la parcela individual y privada de cada cual, o a la tentación de dedicarse a otras tareas más plácidas. Se repite hasta la saciedad que el futuro de un pueblo depende de su educación. Por eso mismo es posible tomar la temperatura exacta y actual de la educación: no pasa nada. También los sindicatos llevan mucho tiempo limitándose a reaccionar frente a los acontecimientos, olvidando quizá que es imprescindible para las organizaciones sociales marcar las pautas, las directrices, las líneas maestras, las iniciativas, las metas. Está muy bien ocuparse de cada árbol en particular, pero sin perder nunca de vista el bosque en su conjunto. Y si se pierde a corto plazo (en resultados o apoyo electorales, subvenciones, influencias o prebendas), esa presunta pérdida será una ganancia a medio y largo plazo, pues lo que realmente está en juego es la educación del pueblo y de la ciudadanía.

DdA, XI/2872

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