miércoles, 19 de noviembre de 2014

LOS OJOS SON EL ESPACIO Y LAS LÁGRIMAS, EL TIEMPO


Carlos Prieto

José Luis Sampedro nos dejó un magnífico discurso de entrada en la RAE titulado “Desde la frontera”. En él nos afirma que nuestra relación con el mundo está condicionada por nuestra incapacidad para abarcar todas las dimensiones. Las fronteras nos proponen puertas que pueden franquearse. No encuentran más cerrazones que los límites que no pueden ser superados por los humano. A partir de ahí, Sampedro lucubra su idea de que lo sagrado es la Naturaleza y el Hombre que, convertidos en mercancía, subvertimos; traspasando sus límites. Yo quiero destacar su idea de todas las dimensiones, de su concepto de frontera y de límite. 
 
Estos días veíamos caer con Philae una frontera impensable para da Vinci. Y este día Héctor Jardón se mostraba satisfecho con su trabajo en “Variaciones Incompletas de Poliedros”. Estudia matemáticas, claro. Tuve ocasión de encontrarlo y preguntarle cuántas caras “edros” tenía una esfera. Me respondió, a la que salta, que infinitas. Creo entonces que las fronteras son espaciales, y por ello traspasables. Son un desafío a nuestra capacidad de progresar. La dimensión que nos enfrenta a barreras infranqueables será el tiempo. Lo podemos “recuperar” con evocación de los recuerdos, pero ni podemos bañarnos en el mismo río, ni podemos –carpe diem- agarrar más momento que el presente. Dicho esto, ya sabéis mis lectores que gusto si es posible enlazar un tema con una anécdota.

Mi juventud no conoció el llamado “botellón”. La más excelsa diversión pasaba por el guateque, voz caribeña que se introdujo en España para designar una fiesta con baile “rokcanrolero” que admitía gente joven. Lo normal pasaba por conseguirse un local, garaje particular por ejemplo, donde llevar unas botellas para hacer cubatas, un picú, discos y una pandilla mixta. Bailoteo, beber lo justo para romper la frontera del beso y largar con la encontrada pareja para conocerla a través de la cháchara. Guateque llevaba al ligue, normalmente ocasional, y el ligue a conocer los sentimientos comunes y diferentes que había entre los sexos. También los individuales gustos de cada persona, de forma que si eran dispares la pareja no se veía más, y si afines procuraban citarse para otro día. Ninguno éramos conscientes de que cada pieza de baile era irrepetible, y cada individuo una futura vida particular: por más que cuando lloviese se mojara como los demás.

La globalización nos ha constreñido el espacio. Lo vemos y sabemos todo de todas partes. Nos ha puesto ante el globo del ojo el globo terráqueo. Si queréis nuestro oído también escucha las ondas sonoras que circulan a 1234 km/h con mayor rapidez. Pero esa velocidad se produce en presente, ya no recoge la música de aquel guateque. Intentar recobrar el tiempo es pérdida de tiempo. Cuánto pudiéramos recobrar –a determinada edad- si los años fueran incumpleaños.

Aunque nada pueda hacer

volver la hora del esplendor en la hierba,

de la gloria en las flores,

no debemos afligirnos

porque la belleza subsiste siempre en el recuerdo.  WORDSWORTH

Así que, veinteañeros a quienes felicito cumpleaños con frecuencia, no perdáis el tiempo y grabad vuestro presente.

DdA, XI/2847

2 comentarios:

Lazarillo dijo...

Quien lo vivió, lo sabe.

Lazarillo dijo...

Mi querido Carlos es un filósofo de la memoria.

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