jueves, 9 de agosto de 2012

LOS "SIN PAPELES" NO SERÁN LOS ÚLTIMOS EXCLUIDOS



Ana Cuevas


La frase suele empezar más o menos así: Yo no soy racista, pero... Y ese "pero" siempre es la antesala de alguna afirmación declaradamente xenófoba. Ocurre ahora mismo con la decisión gubernamental de cobrar un seguro privado a los sin papeles. Gran parte de la ciudadanía (desde foros ultracatólicos hasta algunos que se consideran progresistas) han recibido la medida con patente beneplácito.

No hay más que escuchar las conversaciones de la calle o el trabajo. Bucear en los comentarios relacionados con esta noticia en los medios digitales. Muchos indignados españolitos encuentran razonable que los "ilegales" paguen por el acceso a la sanidad pública.
Primero estamos los de casa- mantienen-, los que pagamos impuestos somos los legítimos beneficiarios. ¡Pobres ilusos! Quizás piensan que su mezquindad les protegerá del desguace. Pues de eso nada. La cosa va por otros derroteros.

La sanidad pública española lleva varios años padeciendo una privatización silenciosa. Un proceso de desmantelamiento que en la actualidad, con el gobierno del Partido Popular, está experimentando un brutal acelerón. La externalización de los oficios de sus trabajadores y la gestión privada de muchos hospitales supondrá que, con dinero público, unas empresas particulares querrán conseguir generosos beneficios (también particulares, por supuesto). ¿ Y adivinan quiénes saldrán perjudicados? Exactamente, todos nosotros. Abnegados contribuyentes que veremos como nuestra sanidad se vuelve cada vez más cara y precaria. Hasta el punto de llegar a ser tan inaccesible como lo va a ser en breve para los sin papeles.

La Gran Estafa Sanitaria sabe inocular su veneno. Usar el discurso populista anti-inmigración para asestar un cruel machetazo a la universalidad del sistema. Lo que sucede, amiguitos que aplaudís la salvajada y acusáis de buenismo hipócrita a sus detractores, es que sois rematadamente imbéciles. No entendéis que este gobierno, como vosotros, no es racista. Sus decisiones son meramente clasistas. Igualito que lo vuestro. Y gozan como marranos enzarzándonos en peleas uterinas entre los que no somos de su casta. Pobres contra los que son aún más pobres. Obreros contra obreros de otras tierras. Hermanos contra hermanos. Un festival para sus sentidos que perciben entusiasmados lo bien que colaboramos para justificar la destrucción de la sanidad pública.

Se lo ponemos a "güevo". El nuevo pelotazo de su cuchipandi, tras el estallido inmobiliario, es la privatización de nuestra salud. Los sin papeles son los primeros excluidos, pero no serán los últimos. Los más fáciles de masacrar ante una numerosa parte de la opinión pública. La de esos que no se quieren enterar que ellos van ser los siguientes (por muy celtíberos que sean). Los mismos que niegan fehacientemente ser racistas, pero que no reniegan nunca de su idiocia.

1 comentario:

Folía dijo...

¡Qué razón tienes y qué bien te explicas!

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